EN EL CAMINO, por Loli Morán

Lo primero que pensé cuando una amiga me invitó a unirme a un grupo que quería formar un cohousing fue “me interesa, pero es demasiado pronto, tengo muchas cosas por hacer todavía” (tenía ya 67 años). Así de ignorante era.

Cuando conocí a ese grupo de personas, me enamoré de ellas (nos enamoramos, mi marido y yo). Además, el lugar elegido era en la comarca de La Vera en Extremadura, un lugar que nos encanta. Parecía ideal ir haciéndonos mayores en el campo, con unas personas, agradables, cercanas, que tenían tanto que enseñarnos, tanto que compartir. Nos pusimos a buscar terrenos y encontramos dos posibles. Leímos el libro de Charles Durrett, teníamos reuniones periódicas por zoom, reuniones presenciales cuando se podía que no era muy a menudo y contactamos con un abogado y un arquitecto de la zona. Pasaron varios meses sin avanzar mucho más. La tarea parecía más complicada de lo que presumíamos en un principio. Estaba claro que habíamos acertado con la gente, pero el camino tenía demasiada complejidad.

En este primer bajón, a mi marido y a mí nos empezó a preocupar estar tan lejos de Madrid, de nuestro entorno, nuestros hijos, pero la idea ya había arraigado, teníamos que buscar algo así en Madrid.

Para nuestra agradable sorpresa, nuestr@s compañer@s, no solo comprendieron, sino que secundaron la idea. Quien más quien menos tenía también mucho arraigo en Madrid y, además, ya no queríamos separarnos en la búsqueda del proyecto.

Después de mucho buscar, tener un montón de contactos, llamadas, reuniones on line, dimos con un grupo ya formado que incluso tenía una parcela avistada y próxima a formalizar un precontrato de compra. Tenía un nombre extraño “Ad Petrum”.

Cuando, después de una entrevista por zoom, quedamos en vernos en una cafetería de Madrid, nos reconocimos l@s un@s en l@s otr@s. Teníamos mucho que contarnos y parecía que muchas ganas de conocernos más a fondo. Fueron unos días de ilusión y también de miedo a que no nos aceptaran. Ni siquiera sabíamos exactamente en qué lugar estaba la parcela que pretendían comprar, ¿desconfiaban de nosotro@s? pero nuestra primera impresión había sido la correcta. En seguida nos dijeron que sí, ¡adelante con la fusión! Ya podíamos ponerle escenario a nuestro sueño.

Nos dimos cuenta de que estaban mucho más avanzad@s en el largo camino hacia la meta. Tenían ya formada la cooperativa, una parcela, un proyecto arquitectónico, una gestora… ¡Madre mía, pero si ya estaba casi hecho!

Tuvimos la suerte de encontrar gente con una gran experiencia y un profundo conocimiento de lo que es una vivienda colaborativa. A partir de ese momento todo ha sido crecer (en conocimiento y en soci@s), aprender, participar en reuniones, propias y con otras entidades y asociaciones. Hay un montón de términos nuevos en nuestras conversaciones, AICP, CNV, cocuidados, sociocracia…

Parecía que estaba casi hecho, pero, aunque habíamos saltado algunas casillas iniciales, seguíamos en el principio. Han pasado dos años de nuestra unión y, en términos concretos no hemos avanzado demasiado, seguimos con nuestra parcela señalizada pero no comprada, siempre que parece que va a ser ya, el mes próximo, el siguiente como mucho… hay un inconveniente que lo aleja un poquitín más. Es muy posible que esta vez ya esté, ya sí, el mes que viene y entonces alcanzaremos el paso siguiente y luego otro y luego otro. Pero estos dos años no han sido en vano. Estamos aprendiendo a querernos, a conocernos mejor a l@s otr@s y a nosotr@s mism@s. Hemos contactado con otras muchas buenas gentes que intentan avanzar por caminos similares y nos sentimos próxim@s a ellas, compartimos conocimientos y desazones.

Estamos aprendiendo otra forma de vida mucho más rica y generosa. Vamos reconociendo y rechazando individualismos. No es fácil, somos mayores y tenemos demasiados vicios adquiridos pero el afecto que nos une y el afán de superarnos tiene que primar sobre todo.

Estoy totalmente de acuerdo con Kavafis en todo salvo en una cosa.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Itaca te enriquezca

No podemos pedir que el viaje dure muchos años para atracar, viejos ya, en la isla. Nuestra Itaca tiene que estar más cerca porque viejos ya somos, pero, desde luego el camino nos está enriqueciendo y tenemos la seguridad de que nuestro desembarco en Itaca nos hará mucho más ricos.

Poema Itaca de Kavafis

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

2 comentarios sobre “EN EL CAMINO, por Loli Morán

  1. Un largo camino lleno de obstáculos que no nos derrota a pesar de que el tiempo juegue en nuestra contra. A veces las adversidades unen más que separan, y ahí seguimos, apoyándonos los unos en los otros, reforzando nuestra voluntad en seguir luchando por conseguir el sueño de lograr una forma diferente de transitar el viaje definitivo. Con el convencimiento de que estamos abriendo un camino nuevo a nuestros hijos y a las generaciones que nos siguen.

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