LOS MAYORES Y EL PAYASO FOFÓ

Vivo sola y, por eso, hace algunos años contraté el servicio de Teleasistencia del Ayuntamiento de Madrid a quienes entregué las llaves de mi casa y, a cambio, recibí un collarcito de plástico con un botón rojo en el que tendría que pulsar si me encontrara mal, recibiendo primero una llamada que suena en toda la casa, pero que espero que ese día me ponga mala cerca del aparato porque si no, no me van a oír. Si no me oyen, vendrán y entrarán con su llave. No me parece que sea para unas prisas, pero es lo que hay, así que lo contraté.

A partir de ahí empezó mi infierno. Yo sigo trabajando un poco a pesar de mi edad, hago sentadillas sujetando una barra de 20 kg y tengo buena salud sin entrar en detalles. Me llamaban de pronto mientras trabajaba para interesarse por mí con la entonación del “Cómo están ustedeeees” de Fofó y usando diminutivos, lo que me sacaba de mi concentración y de quicio. Cierto es que al contestarles con voz de adulta normal, ellos también entraban en la normalidad. Cuando hace frío vuelve a llamar Fofó para recomendarme que me abrigue bien y si es mi cumpleaños que lo pase bien rodeada de mi abundante familia de hijos y nietos que no tengo.

Un tiempo después de todo esto, pedí que me pusieran con la persona que dirigía aquello, una señora muy comprensiva que me habló normal y le expliqué mi drama. Sólo conseguí que me llamaran los sábados por la mañana para no interrumpir mi trabajo, pero la llamada era obligatoria (quizá lo firmé al inicio pero no pienso perder el tiempo en comprobarlo). Le expliqué que seguramente había personas con soledad no deseada o muy mala salud que lo necesitaban y, en ese caso, ruego que les llamen todos los días si ellos lo quieren, pero que por favor a mí no me llamaran.

Desde entonces me llaman los sábados sobre las 12. ¿Cuál es el problema? Que como tengo una vida activa a pesar de mis años, muchos sábados tengo reuniones que me interrumpen. Volví a llamar para que me las hicieran a partir de las 15 h. o bien en domingo. No, porque no trabajan.

Hace cosa de un mes me llamaron a decirme que parecía que yo viajaba mucho y que debo decirles en qué fecha me voy y en cuál vuelvo. Les dije que con todo el respeto no pensaba hacerlo. Me preguntaron si no me fiaba de ellos y ahí tuve que hacer gala de toda mi buena educación y suavidad para comentarles que estamos hartos de escuchar las advertencias de la policía de que no digamos por el barrio ni a desconocidos que nos vamos de vacaciones porque es una invitación a los cacos y, además, ellos tienen mis llaves. ¡Menudo peligro!

Deben tenerme ya el expediente lleno de Post-it diciendo: querulante, borde, bruja…

Ayer la situación fue tremenda. Para que ninguna llamada interrumpiera una reunión fastidiando a todos los presentes, y sin acordarme de la Teleasistencia, puse el móvil en modo avión. Yo feliz, pero una colega y amiga presente recibió una llamada, no la atendió y, por suerte, sí atendió a la segunda. Quien llamaba era una persona de mi familia a punto de ponerse en viaje con las llaves de mi casa y una angustia que pa qué. Mi colega le tranquilizó explicando que estábamos en reunión, luego me tranquilizó a mí que pensé que le había ocurrido algo a alguien y la cosa no fue a más. Parece ser que llamaron también a otro familiar y le dijeron que si la familia no iba, “avisaban a hospitales y policía”; yo creo que era porque estaban irritados por lo que dijeron esto, ya que no veo cómo es eso de avisar a los hospitales.

Quiero llamar la atención sobre algunas cosas que en nuestra actual sociedad no se conciben y deberían hacerlo:

1) Que el/la mayor pueda estar en una actividad y tener el móvil silenciado.

2) Que el/la mayor pueda elegir, puesto que paga el servicio, si quiere o no ser llamado.

En la vejez hay que tener mucho cuidado de no ser objetalizado como ocurre en la infancia, es decir, ser considerado como alguien que no es un sujeto que decide y elige mientras tenga voz o un dedo índice o pulgar para hacerlo, sino un objeto de las decisiones de otros.

En el caso de que estos supuestos no se contemplen, hay que tener una familia comprensiva y regalar cajas de ansiolíticos en los cumpleaños.

Firmado: Decrépita.

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