ANDARIEGOS POR GUADARRAMA

Después de las lluvias continuas que hemos tenido durante cuatro semanas, una salida a la sierra con un día tan soleado es lo que más apetece. El campo está maravilloso, con la nieve ¡por fin! coronando la sierra de Guadarrama y el agua surgiendo por todas partes; eso nos complicó un poco el camino que en algunos tramos estaba impracticable; pero nada que no se pueda solucionar en equipo. Seguimos haciendo comunidad siempre que podemos.

Calzada romana de La Machota-Puente Romano-Silla de Felipe II-El Escorial – 29 de marzo de 2025

LA AMISTAD Y EL COHOUSING, por Marisa

La amistad no solo hace la vida mas agradable, es también un detonante que contribuye a hacerla posible.

Las publicaciones y los artículos de autoayuda no paran de decirnos que para prolongar los años de vida hay que mantenerse activos, comer bien, priorizar la salud física y… aplicar una “receta que funciona de maravilla y que no requiere ningún bote de pastillas: la amistad”.

A medida que envejecemos, es fácil que perdamos algunas amistades. Tal vez, porque nos jubilamos; nos aislamos obligados a cuidar de nuestra salud; nos mudamos de domicilio o son nuestros amigos los que empiezan con los achaques. También suele suceder que nuestras oportunidades de contacto se ven reducidas.

Pero cultivar las relaciones es tan importante como el más saludable de los hábitos y el Senior Cohousing, o viviendas colaborativas en cesión de uso para personas mayores, constituye un medio para lograrlo.

Resulta, por tanto, que la amistad además de ser un tesoro, es también necesaria. Un estudio reciente de la Universidad de Michigan, publicado a través del boletín e-Tips Salud, de la editorial Salud, Nutrición y Bienestar, dedicada a la promover hábitos de vida saludable, ha confirmado el poderoso vínculo entre la amistad y la salud de los adultos mayores de 50 años.

Nos hemos inspirado en su contenido para hacer este trabajo y, hemos transcrito en cursiva, diversas partes de la publicación:

“Los investigadores descubrieron que, si bien el 90% de los adultos mayores informan tener al menos un amigo cercano, aquellos que sufrían una mala salud física o mental eran mucho más propensos a sentirse aislados.

Esto es lo que desveló el estudio:

-El 20% de los adultos con mala salud mental no tenían ningún amigo cercano (el doble que la tasa de la población general).

-Entre los adultos con mala salud física, el 18% informó no tener amigos cercanos.

-Los hombres tenían más probabilidades que las mujeres de carecer de amistades cercanas, y los adultos de entre 50 y 64 años enfrentaban más aislamiento que los mayores de 65.

Se trata de un ciclo preocupante: la mala salud puede llevar al aislamiento social y a la vez el aislamiento puede empeorar la salud.

¿Por qué son tan importantes las amistades parala salud? El estudio reveló que los amigos cercanos suelen actuar como cuidadores informales y animadores de hábitos más saludables:

-El 50% dijo que sus amigos los animaban a tomar decisiones más saludables, como comer mejor o hacer ejercicio.

-El 35% se sintió motivado a buscar atención médica cuando un amigo notó que algo iba mal.

-El 32% incluso tuvo amigos que intervinieron para ayudarlos cuando estaban enfermos o heridos.

La amistad es… un salvavidas que nos permite ser responsables, estar comprometidos y recibir atención cuando más lo necesitamos.

El reto es mantenerse conectado y, lamentablemente, cuando más lo necesitamos, puede resultar difícil hacerlo. Los problemas de salud, el duelo e incluso la fatiga pueden hacer que resulte tentador aislarse…

Es una dura realidad: a medida que nuestras vidas cambian, también lo hacen nuestras relaciones. Pero eso no significa que sea demasiado tarde para reconectarnos.

La investigación lo deja claro: las amistades pueden mejorar la salud, ayudar a superar los momentos difíciles e incluso prolongar la vida. La soledad, en cambio, puede afectar tanto al cuerpo como a la mente…”

Pues bien, como hemos dicho, el Cohousing Senior o viviendas colaborativas en cesión de uso para personas mayores, es un medio importante para fortalecer nuestro círculo social y nos proporciona ese tipo de amigos, de los que habla el artículo, capaces de insuflarnos ánimos y de contribuir a que podamos salir de situaciones de enfermedad, depresión y soledad.

Además, en este momento en nuestro país, proponerse construir un cohousing y ponerlo en marcha, representa todo un objetivo de vida.

Estimula, por su propia idiosincrasia, la amistad entre las personas socias, ya que su base se asienta en el desarrollo de las buenas relaciones y en la ayuda mutua entre sus miembros. Y lo hace sin convertir la relación en un círculo cerrado, ya que propone la apertura hacia el barrio, pueblo o ciudad en el que se asienta, porque otro de sus propósitos es la integración, cultivar intereses compartidos y promover la sostenibilidad del medio.

El cohousing incorpora en su quehacer cotidiano, las nuevas tecnologías: correo electrónico, mensajes de texto, uso de redes sociales, drive, zoom y otras herramientas informáticas que permiten el contacto, incluso a distancia.

En definitiva, representa una aventura colectiva, autogestionada, que obliga a salir de sí mism@, a reflexionar y a dar lo mejor de cada un@. Es un proyecto que parte del respeto a la individualidad de cada persona socia, pero que cuenta y necesita de todas ellas. Que fomenta la no violencia en las relaciones y que se propone, fundamentalmente, disponer de unas viviendas colaborativas a modo de hogar, donde poder estar, a ser posible, hasta el final de la vida. Genera de forma consensuada las normas de convivencia. Cuida de las situaciones de deterioro o dependencia de sus personas miembro e incentiva la realización de actividades formativas y lúdicas para facilitar el desarrollo personal, espiritual, emocional y de salud de todas ellas.

En resumen, las viviendas colaborativas para personas mayores, combaten las situaciones de soledad no deseada y, contribuyen, por tanto, a la supervivencia.

Tiene muchos antecedentes. Uno de los más lejanos lo encontramos en el “Jardín” creado por el filósofo Epicuro en las afueras de la Atenas del siglo IV a. de C., espacio rural que buscaba desarrollar la reflexión y el pensamiento, al margen del intelectualismo académico y de las convenciones sociales de la época, y que devino en una comunidad, casi un huerto, que incluía charlas, convivencias, comidas, celebraciones (simposios), en un contexto fraternal que fomentaba la comprensión del otro y el cultivo de la mistad (philía).

La amistad para Epicuro es uno de los bienes más preciados al que mujeres y hombres, pueden aspirar, aunque también incluye un riesgo, pues nos expone a sufrir por la persona amiga, por lo que no debe producirse ni de forma precipitada ni de forma indecisa. No obstante, se trata de un riesgo hermoso porque la generosidad que implica es una de las principales fuentes de alegría (1).

  •  Epicuro vivió en un mundo hostil y fragmentado (¿cómo el nuestro?) en el que si no tenías cautela te convertías en presa fácil del aprovechamiento ajeno, pero desarrollando la amistad fue capaz de crear una comunidad fraternal. Y a pesar de que decía que para alcanzar la felicidad hay que practicar la imperturbabilidad, la calma y la moderación de los placeres naturales, también afirmaba que, si ha de sacrificarse la calma por un amigo, merece la pena. Él prefirió vivir, no en una torre de marfil gozando y aferrándose en exclusiva a sus bienes, sino comprometerse con la reflexión y con la amistad. En este contexto desarrolló su “Jardín”.

EL FUTURO SOÑADO, por Esther Rodríguez

Desde que entré en este grupo de cohousing, mi vida ha cobrado otro sentido. Con anterioridad, temía mi envejecimiento. He notado como, muy, muy despacito, mis facultades, sobre todo físicas, disminuyen, me he vuelto más lenta, más tranquilona, necesito descansar más a menudo, etc., nada importante, pero en 5 años me lo noto bastante. Es verdad que estoy como una rosa, no me duele nada, no tomo medicinas y sólo tengo que vigilarme cosas como la tensión, el azúcar, el colesterol, y esas cosas que cambian sin sentido a mi edad. Por todo ello, con 69 años, consciente de mi lento envejecimiento y sabiendo que en un plazo no muy lejano me vería viviendo sola en el periodo de mi vida menos conveniente para ello, decidí ponerme a buscar, sobre todo, un grupo de personas que se encontraran en similares circunstancias y con la idea de poner remedio a la situación. Y una vez más, en mi vida, mis sueños se han hecho realidad, sorprendiéndome de lo fácil que me ha resultado encontrar a mi “nueva familia”, con la que deseo pasar el resto de mis días.

En los dos años que llevo en Ad Petrum he cobrado actividad mental al dedicarme a hacer todas las Actas de las reuniones y al verme obligada a leer tantos documentos de asuntos desconocidos para mi. Me he sorprendido al conocer internamente la estructura magistral de un cohousing, en la que todos sus integrantes colaboran en las distintas comisiones según sus habilidades, experiencias y gustos, he participado en muchas reuniones presenciales y telemáticas, algunas bastante aburridas pero necesarias, y, sobre todo, he convivido con unos y con otros, en excursiones, comilonas, veraneos…ahora tengo una pandilla. Y voy a trasladarme a vivir a un precioso apartamento en Guadarrama, lugar paradisíaco, a mis 70’… ¿Cuántos a mi edad pueden estrenar vivienda adaptada a sus necesidades? ¿Cuántos lo desearían?  

Ya no tengo miedo a envejecer. No me siento sola, y además he aprendido que no hay que temer al futuro ya que el escenario que nos podamos imaginar, no tiene por qué ser el real. No tiene sentido elucubrar sobre cuánto tiempo viviremos, ni de qué manera.

Sólo tenemos que trabajar en la medida de nuestras posibilidades para llegar a ese futuro que todos deseamos, sin descanso, con ilusión, con tenacidad, con toda nuestra energía que es mucha y positiva.

Foto: Compartiendo días de playa con miembros de nuestro cohousing.

10 de Enero de 2025

ENVEJECER, SER VIEJO Y UNA CHISPA

Envejecer es una gaita. Pero una gaita escocesa que, según Les Luthiers, es lo más muermo del mundo.

De todos modos, eso que se suele llamar envejecer: pérdida del atractivo sexual, síntomas corporales por todos lados, la sensación de que cuanto más sabes vivir, menos tiempo te queda para hacerlo… no es nada comparado con lo malo que debe ser el ser viejo.

Ser viejo de verdad, es además no poder hacer nada que te distraiga porque no puedes leer, ni coser, ni navegar por internet, dependes de los demás para moverte y porque la gente con la que podrías pasar un buen rato no tiene ganas de pasar ese rato contigo que, cuando hablas, es para repetirte.

Hace años, una vieja amiga de la familia (94 años), me comentaba que quería ir a una psicóloga. Ella a los 70 había ido a la Universidad por primera vez en su vida, había terminado su carrera con 75 y seguía leyendo, acudiendo a conciertos y reuniendo a su familia por Navidad y en verano. Pero a los 94, con sus capacidades muy mermadas, sentía una tristeza desconocida y pensaba que una psicóloga iba a poder ayudarla. ¿Cuál era su problema? Ella lo decía así: “¡Es que no me veo futuro!”. Ese “no me veo” me tocó la fibra; no es que ella pensara que no lo tenía, sino que no se lo veía y pensaba que un profesional podría ayudarla a “vérselo” como si, a partir de ese momento, ¡ya no importara tener 94 años!

La queja de esta señora tenía miga, ya que nos hablaba de un pequeño concepto que, según nos parece, es un Patrimonio Inmaterial de la Humanidad (¡una idea para la UNESCO!) y que los psicoanalistas llaman “objeto a”. Es el resultado de un montón de operaciones mentales que suponen la aceptación previa de que no lo podemos todo, que si conseguimos algo nunca será inmediato y siempre será insuficiente, que a veces se gana y a veces se pierde, que los demás no son propiedad nuestra sino dueños de sus vidas, que nuestra opinión no es lo mismo que un saber, ni mucho menos ninguna verdad objetiva… en fin, ya saben a qué me refiero. Bueno, pues resultado de operaciones como ésas, aparece en nuestra mente algo así como un espacio vacío que es lo que llamamos “objeto a” (fíjense qué paradoja llamarlo objeto y al mismo tiempo decir que es un espacio vacío). El “objeto a” es un motor, una causa de deseo que nos empuja a buscar algo que nos permita obturar ese vacío; luego el secreto estará en no pretender llenarlo sino en aceptar la dosis que nos ponga alegres sin querer ir más allá (lo contrario de lo que ahora nos propone el consumismo). Por eso nos empuja no hacia los placeres inmediatos, sino hacia la consecución de algo aplazado hacia un futuro más corto o más largo y, en ese camino, encontramos alegría que no felicidad.

Algunas personas que son bien sanas, vemos que están en general contentas, que tienen objetivos, proyectos, que emprenden cosas y que los problemas de la vida sólo los dejan más o menos retirados por un tiempo mientras duran los duelos, pero vuelven a la carga con energía.

Nuestra amiga tenía razón. Cuando ya no te mueves por ti mismo y se te hace difícil hacer proyectos porque dependes de otros para realizarlos… ¿Qué te queda? Pues a esta persona le quedaba su fe en que alguien podía ayudarla a recuperar su impulso vital, señal de que había sido una persona sana, por lo que prefería seguir arriesgando algo incierto que iniciar un camino de quejas y demandas que lo único que hace es alejar de tu lado a quienes podrían querer estar algún ratillo contigo. Pero lo cierto es que debe de ser muy pero que muy difícil que el «objeto a» siga operativo a partir de un cierto momento.

Pero incluso las personas como nuestra anciana amiga, hay un momento en el que se dan cuenta que tienen que rendirse ante algo que es una ley universal, que no está sujeto a opiniones, que toca a los ricos como a los pobres. Y ese tiempo de la dependencia antes de que llegue el final, es una gaita, una grandísima gaita que no todo el mundo está preparado para soportar. ¿No será mejor para entonces vivir en comunidad, una comunidad que se haya ido cocinando en su propia salsa durante unos años antes de todo esto, donde se hayan ido creando lazos de afecto y solidaridad, sin esperar depender de la familia? ¿No hará a las personas que han construido esa comunidad sentirse orgullosas de haber podido dar esa orientación a sus vidas que les ha servido a ellos, a sus amigos, pero también a los que irán entrando a formar parte de esa comunidad cuando ellos desaparezcan?

Para terminar con humor, he aquí el resultado de las cavilaciones del humorista (y no por ello menos filósofo) Quino: alguien que supo metabolizar los dolores vitales a través de su escritura.

VIVIR DEBERÍA SER AL REVÉS

Se debería empezar muriendo y así ese drama quedaría superado.

Luego te despiertas en un hogar de ancianos, mejorando día a día.

Después te echan de la residencia porque estás bien y lo primero que haces es cobrar tu pensión.

Luego, en tu primer día de trabajo te dan un reloj de oro. Trabajas 40 años hasta que seas bastante joven como para disfrutar del retiro de la vida laboral.

Entonces, vas de fiesta en fiesta, bebes, practicas el sexo, no tienes problemas graves y te preparas para empezar a estudiar.

Luego empiezas el cole, jugando con tus amigos sin ningún tipo de obligación, hasta que seas bebé.

Los últimos nueve meses te los pasas flotando tranquilo, con calefacción central, servicio de habitaciones, etc.

Y al final… ¡abandonas este mundo en un orgasmo!

Anónima escocesa

EN EL CAMINO, por Loli Morán

Lo primero que pensé cuando una amiga me invitó a unirme a un grupo que quería formar un cohousing fue “me interesa, pero es demasiado pronto, tengo muchas cosas por hacer todavía” (tenía ya 67 años). Así de ignorante era.

Cuando conocí a ese grupo de personas, me enamoré de ellas (nos enamoramos, mi marido y yo). Además, el lugar elegido era en la comarca de La Vera en Extremadura, un lugar que nos encanta. Parecía ideal ir haciéndonos mayores en el campo, con unas personas, agradables, cercanas, que tenían tanto que enseñarnos, tanto que compartir. Nos pusimos a buscar terrenos y encontramos dos posibles. Leímos el libro de Charles Durrett, teníamos reuniones periódicas por zoom, reuniones presenciales cuando se podía que no era muy a menudo y contactamos con un abogado y un arquitecto de la zona. Pasaron varios meses sin avanzar mucho más. La tarea parecía más complicada de lo que presumíamos en un principio. Estaba claro que habíamos acertado con la gente, pero el camino tenía demasiada complejidad.

En este primer bajón, a mi marido y a mí nos empezó a preocupar estar tan lejos de Madrid, de nuestro entorno, nuestros hijos, pero la idea ya había arraigado, teníamos que buscar algo así en Madrid.

Para nuestra agradable sorpresa, nuestr@s compañer@s, no solo comprendieron, sino que secundaron la idea. Quien más quien menos tenía también mucho arraigo en Madrid y, además, ya no queríamos separarnos en la búsqueda del proyecto.

Después de mucho buscar, tener un montón de contactos, llamadas, reuniones on line, dimos con un grupo ya formado que incluso tenía una parcela avistada y próxima a formalizar un precontrato de compra. Tenía un nombre extraño “Ad Petrum”.

Cuando, después de una entrevista por zoom, quedamos en vernos en una cafetería de Madrid, nos reconocimos l@s un@s en l@s otr@s. Teníamos mucho que contarnos y parecía que muchas ganas de conocernos más a fondo. Fueron unos días de ilusión y también de miedo a que no nos aceptaran. Ni siquiera sabíamos exactamente en qué lugar estaba la parcela que pretendían comprar, ¿desconfiaban de nosotro@s? pero nuestra primera impresión había sido la correcta. En seguida nos dijeron que sí, ¡adelante con la fusión! Ya podíamos ponerle escenario a nuestro sueño.

Nos dimos cuenta de que estaban mucho más avanzad@s en el largo camino hacia la meta. Tenían ya formada la cooperativa, una parcela, un proyecto arquitectónico, una gestora… ¡Madre mía, pero si ya estaba casi hecho!

Tuvimos la suerte de encontrar gente con una gran experiencia y un profundo conocimiento de lo que es una vivienda colaborativa. A partir de ese momento todo ha sido crecer (en conocimiento y en soci@s), aprender, participar en reuniones, propias y con otras entidades y asociaciones. Hay un montón de términos nuevos en nuestras conversaciones, AICP, CNV, cocuidados, sociocracia…

Parecía que estaba casi hecho, pero, aunque habíamos saltado algunas casillas iniciales, seguíamos en el principio. Han pasado dos años de nuestra unión y, en términos concretos no hemos avanzado demasiado, seguimos con nuestra parcela señalizada pero no comprada, siempre que parece que va a ser ya, el mes próximo, el siguiente como mucho… hay un inconveniente que lo aleja un poquitín más. Es muy posible que esta vez ya esté, ya sí, el mes que viene y entonces alcanzaremos el paso siguiente y luego otro y luego otro. Pero estos dos años no han sido en vano. Estamos aprendiendo a querernos, a conocernos mejor a l@s otr@s y a nosotr@s mism@s. Hemos contactado con otras muchas buenas gentes que intentan avanzar por caminos similares y nos sentimos próxim@s a ellas, compartimos conocimientos y desazones.

Estamos aprendiendo otra forma de vida mucho más rica y generosa. Vamos reconociendo y rechazando individualismos. No es fácil, somos mayores y tenemos demasiados vicios adquiridos pero el afecto que nos une y el afán de superarnos tiene que primar sobre todo.

Estoy totalmente de acuerdo con Kavafis en todo salvo en una cosa.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Itaca te enriquezca

No podemos pedir que el viaje dure muchos años para atracar, viejos ya, en la isla. Nuestra Itaca tiene que estar más cerca porque viejos ya somos, pero, desde luego el camino nos está enriqueciendo y tenemos la seguridad de que nuestro desembarco en Itaca nos hará mucho más ricos.

Poema Itaca de Kavafis

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.