Sí se puede… ¡Enhorabuena a Entrecantos!

Amaneció lloviendo y la oscuridad de la mañana no invitaba a levantarse de la cama, pero lo hice con más energía de lo habitual porque en pocas horas tenía una cita ineludible. Iba a asistir a la inauguración del cohousing Entrecantos

Según las estadísticas, más del 90% de los proyectos de viviendas colaborativas fracasan estrepitosamente, y me picaba la curiosidad de conocer a un grupo de personas como nosotros que habían logrado alcanzar su objetivo y saber cómo habían podido sortear las trabas burocráticas y los problemas que surgen en los grupos de personas mayores que buscan un proyecto de convivencia.

Unos cuantos amigos llevamos más de tres años trabajando en un proyecto de viviendas colaborativas muy parecido al que ha conseguido Entrecantos, en el que hemos puesto todas nuestras fuerzas, ilusiones, y los ahorros de toda una vida.

Tras varios varapalos, desencuentros, jornadas interminables de trabajo, de cohesión del grupo, de asistencia a foros, charlas y talleres sobre la convivencia, la comunicación no violenta, las ventajas y las desventajas de la cesión de uso, la desidia de las administraciones, y mil cosas más, mi estado de ánimo se encontraba en el punto más bajo desde que me embarqué en esta aventura. Me emocionaba poder ser testigo de cómo otras personas con mis mismas ilusiones habían logrado finalizar su proyecto. Podría ver con mis propios ojos cómo se enfrentan a los primeros meses de convivencia real después de un largo trayecto lleno de obstáculos.

Asistimos al evento tres miembros de la cooperativa Ad Petrum, y cuando llegamos al edificio, nos sorprendió la algarabía de un numeroso grupo de personas que nos recibían con entusiasmo y alegría. Además de los socios de la cooperativa, había muchos invitados, prensa y representantes del Ayuntamiento de la localidad de Tres Cantos, encabezados por el Alcalde y varios de sus concejales.

A mediodía comenzó el acto de inauguración con el corte simbólico de una cinta, y las palabras de Manolo y Juan, dos de los socios más antiguos y que más han trabajado en el cohousing durante años. Explicaron quiénes eran y qué representaba para ellos aquel proyecto. Manolo, probablemente en sus ochenta, comenzó diciendo que eran un grupo de “jóvenes valientes”,  inasequibles al desaliento, que habían tenido muy claro desde el principio qué clase de proyecto querían y cómo deseaban vivir esta etapa de la vida. Rezumaba satisfacción y orgullo y su alegría era contagiosa. Después habló Juan, con un perfil más técnico; parece que había dirigido durante mucho tiempo el Consejo Rector y explicó con sobriedad algunos de los inconvenientes y obstáculos más importantes que habían afrontado,  como la búsqueda del terreno, la formación y cohesión del grupo o la construcción del edificio, muy funcional, confortable y luminoso.

Por último, el Alcalde, como buen político, tuvo unas palabras muy elogiosas para el proyecto como si lo hubiera impulsado él mismo. Alabó esta nueva forma de envejecer y ofreció las bondades de vivir en un municipio como Tres Cantos.

No se extendieron demasiado, y enseguida nos obsequiaron con un par de canciones preparadas por ellos mismos para esta ocasión. Habían formado un coro del que se sentían orgullosos y nos demostraron con su alegría lo que una buena convivencia puede lograr.

Pasamos a disfrutar de un aperitivo que habían preparado las cocineras del proyecto en el amplio patio techado que se extendía frente al comedor y Óscar, un socio de la comisión de Convivencia, fue nuestro anfitrión y guía por las instalaciones. Como en todos los cohousing, las zonas comunes son fundamentales para convivir, realizar actividades y relacionarse con los otros socios, y en este caso, la zona común, muy amplia, estaba situada en la planta menos uno que se abría al patio techado. Unas amplias jardineras llenas de plantas suplían al jardín o al huerto con el que todos soñamos y una pequeña piscina exterior auguraba buenos ratos en verano. Con mucho orgullo, nos informaron que su “jardín” contenía más de 100 plantas distintas perfectamente clasificadas y cuidadas.

El edificio tiene tres plantas más el semi-sótano, orientado al sur-oeste y con un estilo arquitectónico moderno y funcional. Un pequeño gimnasio, 2 salas de reuniones, una sala de música bien equipada, una biblioteca muy bien organizada, varios espacios para estar a lo largo de los amplios corredores que albergan los 35 apartamentos y unos grandes armarios  bajo las ventanas  que llaman trasteros y que suponen un desahogo para sus habitantes y que nos gustaron mucho.

Por fin llegó el momento de conocer un apartamento. Óscar nos advirtió que era su leonera particular y que le daba vergüenza enseñárnosla, pero le animamos a hacerlo sin complejos porque nos interesaba mucho ver cómo se desarrolla la vida en 50 metros cuadrados privados y cómo se complementa con las zonas comunes.

El apartamento era amplio y luminoso, lleno de vida y confort aunque hubiera un montón de ropa para la plancha sobre el sofá. Se abría a una gran terraza por donde ahora entraba el sol a raudales. Había dejado de llover y parecía que el tiempo quería aliarse con estos entusiastas abuelos que me estaban devolviendo la esperanza y la ilusión por formar parte un día de algo similar.

Cuando llegó la hora de despedirse, Óscar quería seguir charlando con nosotras y nos invitó a compartir la comida con todo el grupo. No nos hicimos mucho de rogar. Estábamos siendo testigos de cómo podría ser nuestra vida en un futuro próximo. Volvimos a la planta donde había tenido lugar el evento y ahora habían desplegado las mesas y las sillas junto a la cocina que se encuentra en un lateral del gran comedor. Tienen contratadas dos cocineras, y una comisión de cocina se encarga de elaborar los menús cada semana. Colocan las mesas formando un  gran cuadrado para 12 personas cada una donde es fácil compartir almuerzo y charla.

Fue una comida entrañable, tenían muchas ganas de mostrar al mundo cómo habían sido capaces de materializar un sueño y pude comprobar por mí misma la alegría de vivir que les embargaba. Respondían a todas nuestras preguntas sin tapujos. No ocultaban los varapalos y decepciones por los que habían pasado, los mismos impedimentos y dificultades que nosotros enfrentamos día a día: salidas de socios con el duelo que suponen las pérdidas; entradas de otros nuevos con las dudas de si encajarán o no con el grupo; una administración mucho menos colaboradora de lo que mostraron en el acto de presentación; una pandemia que les retrasó un tiempo largo y un problema grave durante la construcción que volvió a ponerlos a prueba… pero allí estaban, felices y orgullosos de lo que habían conseguido, demostrándonos a todos que sí se puede.

¡ENHORABUENA ENTRECANTOS!

Carmen Cordero Amores

Octubre de 2025