No era una ruta, era una cordada

Cuando la montaña enseña lo que significa caminar juntas.

Hay rutas que no son solo rutas.

Hay días en la montaña que empiezan como una excursión y acaban revelando algo más profundo sobre cómo nos acompañamos en la vida.

El pasado viernes salimos a Peñalara. Nati propuso la ruta. Fuimos un pequeño grupo de compañeras de la cooperativa:  ella, Vicenta y yo.

Subir los 600 metros de desnivel hasta el Pico de Peñalara fue exigente, pero lo verdaderamente intenso llegó después: aquel interminable salto de roca en roca camino de la Laguna de los Pájaros. Un laberinto de bloques de piedra, desniveles y pasos de vacío. Un lugar donde los bastones dejan de servir y el cuerpo empieza a escuchar el miedo.

Ahí entendí algo que no se aprende en las reuniones ni en los planos del proyecto: no era una ruta individual, era una cordada.

Nati iba delante, leyendo la montaña como quien interpreta un lenguaje antiguo. Abriendo paso entre bloques de roca, buscando alternativas y dándonos seguridad incluso cuando el camino no era evidente.

Vicenta estaba al lado, firme y atenta, ofreciendo su mano en los pasos más delicados. Pequeña en tamaño, enorme en presencia. Hay fuerzas que no se miden en centímetros, sino en generosidad.

Yo aprendía a confiar.

A confiar en el terreno, en el grupo, y en algo más profundo: en que no se camina sola cuando hay comunidad.

Y entonces llegó el descanso.

Un pino, sombra, bocados compartidos, cerezas, agua, silencio y risas. Porque también eso es comunidad: parar juntas y volver a respirar como si el mundo, de pronto, se volviera más amable.

El descenso trajo cansancio, tensión y también una caída, de esas que te recuerdan que el cuerpo tiene límites… pero incluso eso acabó convertido en risa compartida.

Dicen que un cohousing se construye con ideas, reuniones y proyectos.

Pero yo creo que se hace real en momentos así.

Cuando alguien te espera.

Cuando alguien te da la mano.

Cuando alguien se adelanta para abrir camino.

Cuando, sin decirlo, entiendes que no estás sola.

Ayer bajé de la montaña con las piernas agotadas.

Pero con el corazón sorprendentemente ligero.

Y con la certeza de que este proyecto no es solo un lugar donde vivir.

Es una forma de estar en la vida.

Pilar Rebé

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